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24 November 2014

De ninguna cama a camas literas

Noviembre es el Mes Nacional de Adopciones. USCIS determina la elegibilidad e idoneidad de los posibles padres para realizar adopciones entre países, así como la elegibilidad de los hijos a inmigrar a Estados Unidos.  Hace dos años, Sam y Danae Lloyd de Wasilla, Alaska, adoptaron cuatro hermanos entre las edades de 6 a 9 años, quienes vivían juntos bajo cuidado temporal en Hungría.  La pareja, que no tenía hijos, vivió junto a los niños en Budapest por cerca de dos meses mientras los trabajadores sociales húngaros evaluaban sus habilidades para ser padres.  Hoy, la familia compuesta por seis miembros hace alpinismo, cazan y hasta toman lecciones de karate juntos.  Sam, quien trabaja reparando hélices de aviones, recientemente comenzó a construir en el interior del hogar un muro de escalada para los niños.  Aquí describe cómo él y su esposa llegaron de “ninguna cama a camas literas”.

Desde que nos casamos en 2006, mi esposa y yo considerábamos la opción de adoptar y el deseo de proporcionar un hogar lleno de amor y educación a niños que no tenían uno.  Al pasar los años, trabajamos labrando un futuro y persiguiendo nuestras metas relacionadas a dónde queríamos vivir, qué caminos profesionales seguiríamos y a qué comunidad eclesiástica perteneceríamos permanentemente.   Nuestro deseo de adoptar se hacía más fuerte y comenzamos a tomar clases y llenar los documentos que comenzarían nuestro proceso.

A medida que nos acercábamos más a ser capaces de adoptar, más necesitábamos tomar una decisión acerca de qué país adoptar al niño.  Había cientos de programas de dónde escoger, y millones de niños que necesitaban hogares.  Nuestros corazones no podían aceptar la idea de niños que eran separados unos de otros o que simplemente no pudieran encontrar un hogar.  Finalmente, luego de decidirnos a realizar una adopción entre países y escoger el país y la agencia con la que queríamos trabajar, comenzamos a hacernos de la idea de adoptar un grupo de hermanos de tres o más.

Escogimos Hungría.  Recordaba muy poco delo que había aprendido sobre ese país en mis años escolares, pero luego de más de un año y medio, el tiempo que nos tomó tener nuestra casa lista, completar el estudio del hogar y completar lo que parecían toneladas de trámites, desarrollamos gran aprecio por Hungría y su cultura.  De camino a mi trabajo escuchaba cursos en cedé para aprender húngaro y mi esposa investigaba sobre comidas y tradiciones.

En más de unas pocas noches trabajamos en los trámites, deseando y orando para que las personas que nunca habíamos conocido hicieran su parte en forma de firmas, aprobaciones y sellos, entre otros.  También nos preocupamos por la cantidad de documentos costosos que habíamos confiado al correo. Mi familia y nuestro grupo de apoyo en la iglesia fueron muy alentadores en todo el proceso.


Familia Lloyd

Por último, nos encontramos en un hotel en Kechskemét, Hungría.  Terminamos nuestro desayuno continental y emprendimos un corto viaje para conocer cuatro niños que habían crecido en el otro lado del mundo y que tenían un idioma diferente al nuestro.  Teníamos la esperanza de que aprendieran a llamarnos Apa y Anya (papá y mamá). 

Es increíble lo bien que hemos sido capaces de comunicarnos.   Hubo unas pocas ocasiones cuando nuestros intentos de utilizar húngaro nos condujeron a respuestas confusas. Los niños comenzaron a aprender inglés. Es difícil saber qué decir cuando tu niño de 7 años está marchando a través del metro en Budapest gritando con todas sus fuerzas el abecedario. Y aprendimos a amar su país, sus coloridos festivales, castillos y jardines.  Cada día de la semana los acercábamos al concepto de educación en casa, seguido de la exploración de la ciudad. Casi dos excitantes y educativos meses más tarde partimos de Hungría hacia nuestro hogar en Alaska.

En retrospectiva, nuestra amplia casa en Alaska fue un gran cambio en su clima, cultura y expectativas.  Los niños se han adaptado muy bien y cada día agradecemos tenerlos con nosotros, aunque algunos días son más difíciles que otros. Hemos decidido educarlos en casa.  Es mucho trabajo, un poco más que lo que habíamos contemplado, pero el hecho de que los tenemos en casa en un ambiente controlado y saludable les ha hecho crecer y madurar de una manera increíble.  Los cuatro niños son amables y serviciales y están aprendiendo que la vida es acerca de ser respetuoso y prudente, en lugar de obtener “más cosas” o salir de las tareas rutinarias.  Ellos hacen amistades con otros niños y adultos a través de nuestra iglesia y están, por supuesto, llenos de energías.  No creemos que la adopción sea para todo el mundo, o que todo el mundo deba ir de tener una tortuga en una caja y un gato a tener cuatro niños a la vez, pero no nos arrepentimos.

Por cierto, los niños ahora se encargan de la tortuga y el gato.

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